¿Por qué febrero no siempre tiene 28 días?

Después del diluvio, Dios dijo: “Mientras la tierra exista, habrá siembra y cosecha, frío y calor, verano e invierno, y días y noches” Génesis 8:22 (NVI). Estas palabras parecieran referirse a la permanencia del ciclo anual, durante el cual la tierra se desplaza alrededor del sol, y de la influencia que la inclinación del eje de rotación de nuestro planeta ejerce sobre el ciclo de las estaciones y la sucesión de los días y noches.

Hoy sabemos que los ciclos anual y estacional, así como la secuencia de días y noches, se rigen por algunas leyes de la mecánica celeste. En este artículo, aprenderemos sobre ¿por qué el sistema formado por la Tierra y el Sol, en su perpetuo movimiento por la invisible red del espacio-tiempo, genera diferentes formas para medir el año? Pondremos especial énfasis en entender cómo estos desplazamientos astronómicos, condujeron al establecimiento del llamado “año bisiesto”.

Los términos que se definen a continuación (ilustrados en la figura 1), son necesarios para una mejor comprensión de este escrito. La esfera celeste es una esfera imaginaria de radio arbitrario y centro en el observador, sobre la cual se proyectan los astros (Karttunen et al., 2007). Se llama eclíptica a la proyección de la trayectoria circular aparente del sol en la esfera celeste, vista desde la tierra (Fraknoi et al., 2018). Ecuador celestees la intersección del plano del ecuador terrestre con la esfera celeste. El plano de la eclíptica forma con el plano del ecuador celeste un ángulo de 23º 27´ (Kusky, 2010), el cual coincide con el ángulo de inclinación del eje de rotación terrestre (Montagner, 2011). Cuando este eje se prolonga al infinito, intercepta a la esfera celeste en dos puntos opuestos, denominados polo norte y polo sur celestes (Unsold & Baschek, 2001).

A la dos intersecciones de la eclíptica con el ecuador celeste se les denomina equinoccios, pues allí ocurren los equinoccios de primavera y de otoño (Villar, 2009). Se conoce como punto Vernal o punto de Aries, al punto donde ocurre el equinoccio de primavera y punto de Libra o punto Antivernal a aquél donde ocurre el equinoccio de otoño (Strahler & Strahler, 2003). En el equinoccio de primavera, el sol pasa del hemisferio sur al hemisferio norte de la esfera celeste, y en el equinoccio de otoño, nuestra estrella pasa del hemisferio norte al sur de esta (Karttunen et al., 2007). Aquellos puntos de la eclíptica más alejados del plano del ecuador se llaman solsticios, cuando el sol está en cualquiera de ellos, el día y la noche tienen su máxima o mínima duración (Strahler & Strahler, 2003)

En su movimiento de traslación alrededor del Sol, nuestro planeta describe una trayectoria elíptica, cuyo perímetro es de aproximadamente 940,000,000km y es recorrido a una velocidad promedio de 30km/s (Fraknoi et al., 2018). Este movimiento de traslación es el que genera el intervalo temporal llamado “año”, usualmente aceptado como un intervalo de 365 días solares, conocido también como “año calendario” o “año común”, que comienza el 1º de enero y termina el 31 de diciembre. Ahora, el tiempo que emplea la Tierra en pasar dos veces por un mismo punto en su traslación alrededor del Sol, teniendo como referencia las estrellas, se le conoce como año sideral. Este período se compone de 365 días, 6 horas, 9 minutos y 9 segundos, o equivalentemente 365.25636 días (Karttunen et al., 2007).

Año solar o año trópico es el intervalo transcurrido entre dos pasos sucesivos del sol por el punto Vernal o equinoccio de primavera (ver figura 1) (Oliva & Panizza, 2019), y tiene una duración aproximada de 365 días, 5 horas, 48 minutos y 45.25 segundos o equivalentemente 365.2421 días (Searle, 2007). El año trópico es una unidad básica para medir el tiempo y es esencial para el establecimiento del calendario que rige nuestras actividades cotidianas. Su origen se remonta hasta los Babilonios, quienes desde tiempos muy antiguos observaron que desde el marco de referencia terrestre, en el trasfondo de la esfera celeste, el Sol se proyecta cada mes sobre una constelación diferente (Rodriguez, 2000). El conjunto de estas doce constelaciones es lo que se conoce hoy como el zodiaco, cuya posición en la esfera celeste coincide con la eclíptica (ver figura 1) (Alemán, 2010).

El que el año trópico no tenga un número exacto de días, ha motivado varias reformas a los calendarios a través de la historia. Quizá, las más famosas sean las de Julio Cesar y la del Papa Gregorio XIII (de Toro, 1999). La primera fue realizada en el año 46 a.C. y gobernó por más de 1,600 años el cómputo del tiempo en todo el imperio romano, así como en gran parte de Europa y América. Sin embargo, debido a los marcados desfases temporales ocasionados por el calendario juliano, el Papa antes mencionado promulgó, en el año 1582, el uso del calendario Gregoriano, que rige hoy el cómputo del tiempo a nivel global (Oliva & Panizza, 2019).

¿Qué es entonces el año bisiesto? Notemos que la duración del año solar no son 365 días, sino 365 días más 5 horas, 48 minutos y 45.25 segundos o 365.2421 días, lo cual, dentro de los márgenes de error, se puede redondear 365 días y 6 horas o 365.25 días. Entonces, un sencillo cálculo aritmético nos revela que, después de un año, habrá un exceso temporal muy cercano a 0.25 días; después de dos años, el exceso será de casi 0.5 días; después de 3 años, será de 0.75 días y, al final del cuarto año, habrá un exceso de casi un día. En el calendario gregoriano, este día en exceso se añade a febrero, que normalmente tiene 28 días, alcanzando entonces 29 (Fraknoi et al., 2018). Sin embargo, esto no ha sido siempre así, pues en el calendario juliano el día en exceso se agregaba al día consecutivo al 24 de febrero y se le asignaba el mismo número, 24. Esto implicaba que, en los años bisiestos, el calendario romano tenía dos 24 de febrero. Ahora, como el 24 de febrero era el sexto día antes de lo que los romanos llamaban las calendas de marzo, es decir, el primer día de marzo, resultaba que febrero, en los años bisiestos, tenía “dos días sextos” o era el mes “bi-sexto”(Searle, 2007). Esta expresión, después de pasar por el idioma latín, derivó en el término bisiesto, que hoy utilizamos para los años de 366 días, o aquellos en los que el mes de febrero tiene 29 días. Notemos entonces que, la promulgación del año bisiesto se debió primariamente a la necesidad de corregir la diferencia existente entre el año calendario y el año trópico, y en consecuencia, evitar el desfase con algunas festividades religiosas (Segura, 2012)

¿Cómo saber si un año en particular fue o será año bisiesto? La clave es la siguiente: Un año dado será bisiesto si es divisible entre 4 y, si un año termina en doble cero, no será bisiesto, a menos que sea divisible entre 400 (Paenza, 2012). El próximo año bisiesto será el 2024.

¿Perteneces al selecto grupo de personas que nacieron un 29 de febrero? Entonces celebras tu cumpleaños en la “fecha correcta” cada cuatro años. Sin embargo, esto no te hace vivir a un 25% menos que los demás, pues tu ciclo de vida ciertamente aumenta en un año, que usualmente celebras el 28 de febrero o el primero de marzo de los años que no son bisiestos.

En todo caso, creo que la vida es un don de Dios y que, independientemente de la fecha en que Él nos permitió nacer, es nuestro deber seguir el consejo de San Pablo cuando dice: “Por tanto, tened cuidado cómo andáis; no como insensatos, sino como sabios, aprovechando bien el tiempo, porque los días son malos.” Efesios 5: 15–17. Dios nos ayude para que este sea el objetivo diario de nuestras vidas.

Referencias:

Alemán, R. A. (2010). Kelvin Versus Darwin : Choque De Paradigmas. Llul, Revista de La Sociedad Española de Historia de Las Ciencias y de Las Técnicas 71 (33), 11–24.

 

de Toro, C. (1999). El Calendario actual en occidente y sus orígenes. Instituto de Astronomía y Geodesia.

Fraknoi, A., Morrison, D., & Wolff, S. C. (2018). Astronomy.

 

Karttunen, H., Kroger, P., Oja, H., Poutanen, M., & Donner, K. J. (2007). Fundamental Astronomy (Fifth Edit). Springer.

Kusky, T. (2010). Encyclopedia of Earth & Space Science (K. Cullen (ed.)). Fracts On File Inc. http://library1.nida.ac.th/termpaper6/sd/2554/19755.pdf

Montagner, J. P. (2011). Earth’s Structure, Global. In H. K. Gupta (Ed.), Encyclopedia of Solid Earth Geophysics (pp. 144–153). Springer. http://library1.nida.ac.th/termpaper6/sd/2554/19755.pdf

Oliva, F., & Panizza, M. C. (2019). La medida del tiempo: Teoría y Práctica de La Arqueología Histórica Latinoamericana, 9, 89–102. https://doi.org/10.35305/tpahl.v9i0.23

Paenza, A. (2012). Matemática para todos. Printing Books, S. A.

Rodriguez, G. (2000). Los signos del zodiaco en Roma: teoría y práctica docente.  El Guiniguada, 8–9, 71–99.

Searle, G. (2007). Los primeros modelos del Tiempo : Los calendarios. Boletic, 6, 121–130.

Segura, W. (2012). La Reforma del Calendario. EWT Ediciones. file:///C:/Users/lugo/Downloads/La_reforma_del_calendario.pdf

Strahler, A., & Strahler, A. (2003). Introducing Physical Geograpghy. John Wiley & Sons Inc.

Unsold, A., & Baschek, B. (2001). The New Cosmos (5th ed.). Springer.

Villar, M. (2009). 100 Preguntas 100 Respuestas. In Andalucía Investiga. Ingrasa, S.L. https://doi.org/10.5554/s0120-3347(11)92013-9

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